Los deportistas de élite suelen vivir más que la población general. Pero una disciplina que parece asociarse con más años de vida en un estudio puede no destacar en otro. No siempre hay contradicción: a veces los investigadores miden cosas distintas.
En un estudio de casi 20.000 jugadores de la National Football League (NFL) se registró un 30 % menos de muertes por cualquier causa de las esperadas. Sin embargo, las muertes por enfermedades neurodegenerativas fueron casi cuatro veces las previstas. Los dos resultados corresponden al mismo grupo de jugadores. No hay ninguna errata.
Hay otro resultado que invita a ordenar los deportes en una tabla. Un análisis de 95.210 biografías de deportistas vinculó el salto con pértiga con 8,4 años más de vida; la gimnasia, con 8,2 más; y el sumo, con 9,8 menos. Las décimas dan a las cifras una precisión tan atractiva como engañosa. Pero ¿reflejan el efecto de practicar esos deportes, las características de quienes llegan a la élite o las particularidades de los registros disponibles?
La pregunta va mucho más allá del deporte profesional. Si buscas una actividad que te ayude a conservar la salud durante décadas, ¿te conviene correr, nadar, jugar al tenis, levantar pesas o apuntarte a un equipo de fútbol? Sobre los beneficios de moverse, las pruebas científicas son bastante claras. Sobre cuál es el mejor deporte, mucho menos.
Ideas clave
- Los deportistas de élite suelen tener una mortalidad menor que la población general. Un metaanálisis de unos 165.000 antiguos deportistas encontró una razón de mortalidad estandarizada global de 0,67, aunque los resultados diferían mucho entre estudios.
- Los deportes de resistencia y de equipo presentan la ventaja de supervivencia histórica más consistente. En los deportes de potencia, la evidencia es menos consistente y no permite señalar una disciplina ganadora.
- Vivir más años de media no elimina los riesgos específicos de un deporte. Los jugadores de la NFL registraron una mortalidad general menor, pero una mortalidad neurodegenerativa mucho mayor.
- Para la mayoría, los estudios sobre deporte recreativo son más útiles. Correr, montar en bicicleta y nadar se asocian con una mortalidad menor, sin necesidad de dedicarse al deporte profesional.
¿Viven realmente más los deportistas de élite?
El primer resultado sorprende por su consistencia. Un metaanálisis de 2014 que reunió a 42.807 deportistas de élite encontró una tasa de mortalidad equivalente, aproximadamente, a dos tercios de la esperada en la población general. La razón de mortalidad estandarizada combinada fue de 0,67 (SMR). También fueron menores las muertes por causas cardiovasculares y por cáncer. Una revisión sistemática posterior, que examinó 54 estudios, obtuvo resultados similares en términos generales. [1] [2]
La siguiente pregunta era más precisa: ¿varía esa ventaja según el deporte? Runacres y sus colaboradores revisaron las publicaciones y combinaron los resultados de 24 estudios con 164.833 antiguos deportistas. Volvieron a encontrar una SMR global de 0,67. Entre los hombres, las estimaciones combinadas fueron de 0,65 en deportes de resistencia, 0,68 en deportes de equipo y 1,04 en deportes de potencia. El intervalo de confianza de esta última estimación incluía el 1, por lo que no podía establecerse una ventaja clara de supervivencia en ese subgrupo. [3]
Ninguna de estas cifras indica cuántos años de vida ganaría alguien al empezar a practicar un deporte. Comparan las muertes observadas en cohortes de deportistas de élite con las que cabría esperar según las tasas de la población general. Además, los resultados variaban enormemente de un estudio a otro: la heterogeneidad global alcanzó I² = 96,9 %. La estimación conjunta resume resultados muy dispares, no un efecto universal.
📊 Cómo leer los datos
Una SMR de 0,65 significa un 35 % menos de muertes de las esperadas durante el seguimiento estudiado, tras ajustar la comparación a la población de referencia. No significa que el deportista viva un 35 % más, que gane 35 años de vida ni que toda esa diferencia se explique por el entrenamiento.
La dificultad comienza ya en la forma de agrupar los deportes. La categoría «deportes de equipo» puede reunir al béisbol y al fútbol americano, aunque sus riesgos a largo plazo sean muy diferentes. También hay que tener en cuenta que buena parte de los datos procede de hombres que compitieron hace varias generaciones. Las mujeres estaban incluidas en el metaanálisis más amplio, pero eran demasiado escasos los estudios para comparar con fiabilidad los distintos deportes entre las mujeres. [3]
La tentación de clasificar 44 deportes
Un estudio publicado en GeroScience ofreció una respuesta mucho más llamativa. Sus autores reunieron 95.210 registros biográficos de deportistas de 183 países y 44 disciplinas, principalmente a partir de Wikipedia y Wikidata. Compararon las edades de fallecimiento registradas con cifras de esperanza de vida de referencia ajustadas por país, sexo y año de defunción. [4]
Entre los hombres, el salto con pértiga se asoció con +8,4 años, la gimnasia con +8,2 y el sumo con −9,8 respecto a las cifras de referencia. El tenis y el bádminton también arrojaron resultados favorables, con asociaciones positivas en ambos sexos. Por un momento, la pregunta «¿qué deporte gana?» parecía tener respuesta hasta la última décima.
Sin embargo, las décimas pueden inducir a error si se leen como una medida de lo que el deporte causa. La base de datos solo recoge a deportistas que alcanzaron notoriedad suficiente para aparecer en registros biográficos públicos. Alrededor del 95,5 % de los registros correspondía a hombres. El análisis no controló adecuadamente factores como el nivel socioeconómico, el tabaquismo, la salud infantil o las circunstancias que llevaron a cada persona al deporte profesional. En el modelo masculino, la disciplina deportiva explicó solo el 6,2 % de la variación del indicador de diferencia de longevidad empleado en el estudio (R² ajustado = 0,06216). Ese porcentaje describe la capacidad explicativa del modelo en esta muestra seleccionada. No significa que el deporte determine el 6,2 % de la duración de una vida. Tampoco se utilizó como referencia una cohorte equivalente de personas no deportistas seguidas durante su vida. Se compararon edades de fallecimiento observadas con cifras de esperanza de vida del período correspondiente: dos medidas distintas.
🔎 Trampa metodológica
«Salto con pértiga: +8,4 años» describe una asociación, no un efecto demostrado. El estudio analiza biografías públicas seleccionadas; no permite calcular cuántos años más vivirías por empezar a practicar salto con pértiga.
Y hay otro detalle decisivo: los autores excluyeron las muertes registradas como accidentales o por causas no naturales. La decisión puede estar justificada para ese análisis, pero significa que el resultado no equivale a la longevidad media de todas las personas que practicaron un deporte. Al excluir ciertas causas de muerte, cambia necesariamente la población de fallecimientos que entra en el cálculo.
El trabajo plantea preguntas fascinantes y ayuda a generar hipótesis. Pero no ofrece una clasificación fiable para elegir el deporte de los hijos ni para escoger uno mismo.
La prueba de Finlandia: décadas de seguimiento
Para obtener una perspectiva histórica más sólida, conviene mirar hacia Finlandia. A partir de registros nacionales de mortalidad, los investigadores siguieron a 2.363 antiguos deportistas varones de élite y 1.657 personas del grupo de control durante una mediana de unos 50 años. [5]
La esperanza de vida mediana estimada fue de 79,1 años entre los deportistas de resistencia, 78,8 entre los de equipo y 72,9 en los controles. La distancia entre los grupos llama la atención. Los deportistas de resistencia y de equipo también presentaron una mortalidad menor por varias causas específicas. Los deportistas de potencia no mostraron resultados igual de favorables para todos los desenlaces analizados, y los boxeadores registraron una mortalidad por demencia elevada dentro de esa categoría.
Unos seis años de diferencia no son seis años de vida ganados
Estimaciones de esperanza de vida mediana en la cohorte finlandesa, con los intervalos de confianza del 95 % publicados. Todos los valores se expresan en años.
Los puntos representan las estimaciones de esperanza de vida mediana y las líneas, sus intervalos de confianza del 95 %. El eje comienza en 70, no en cero.
Estas cifras permiten hacerse una idea más concreta de la longevidad de los deportistas. Pero los grupos tenían historias de vida distintas: nadie fue asignado al azar a entrenar durante décadas. Los criterios de aptitud física para el servicio militar influyeron en la selección de los participantes. Tanto los deportistas como los controles vivieron en unas circunstancias históricas concretas. Por llamativa que sea, la diferencia no mide por sí sola el efecto causal del entrenamiento.
Aun con esas limitaciones, los datos finlandeses refuerzan lo observado en los metaanálisis: la mayor supervivencia de los deportistas de resistencia y de equipo no procede de una sola base de datos.
Fútbol y fútbol americano: menos muertes, distintos riesgos
Basta comparar el fútbol y el fútbol americano para entender por qué una sola cifra de mortalidad no cuenta toda la historia.
Un estudio de 7.620 futbolistas profesionales ingleses nacidos entre 1900 y 1972 encontró 3.571 fallecimientos hasta 2022, frente a los 4.242 esperados según las tasas poblacionales. La SMR resultante fue de 0,84. En este grupo se registraron menos muertes de las esperadas para la población masculina general. Eso sí, buena parte de la información procedía de bases de datos públicas, y el estudio no podía atribuir al fútbol cada uno de sus posibles efectos sobre la salud. [6]
Con el fútbol americano aparece un contraste más inquietante. En 2026, Luster y sus colaboradores analizaron a 19.824 jugadores de la NFL que habían ingresado en la liga entre 1960 y 2019. La mortalidad total fue inferior a la esperada (SMR de 0,70). También fueron menores las muertes por causas cardiovasculares y por cáncer. Sin embargo, la mortalidad por enfermedades neurodegenerativas fue considerablemente mayor (SMR de 3,94); las estimaciones resultaron elevadas para la demencia, la enfermedad de Parkinson y la esclerosis lateral amiotrófica. En los certificados de defunción figuraban 178 muertes neurodegenerativas frente a 45,21 esperadas tras ajustar los datos por características demográficas. Incluso en una simulación que tuvo en cuenta los riesgos competitivos de morir por otras causas, el exceso estimado siguió siendo aproximadamente el triple. [7]
Un mismo grupo. Dos señales muy distintas.
Relación entre las muertes observadas y las esperadas en 19.824 exjugadores de la NFL. El número esperado se calcula por separado para cada causa a partir de las tasas de mortalidad de la población.
La línea discontinua marca 1×, el nivel esperado para cada causa según la población de referencia.
Eso no significa que casi cuatro de cada cien jugadores de la NFL vayan a morir por una enfermedad neurodegenerativa. Una SMR de 3,94 es una comparación relativa con la mortalidad esperada, no una probabilidad individual ni un exceso absoluto de 294 puntos porcentuales. Durante el seguimiento se contabilizaron 1.994 muertes por cualquier causa. El riesgo individual, sin embargo, depende también de la edad, la trayectoria deportiva y otros muchos factores.
El resultado cambia cuando cambia el grupo de referencia. En un estudio de 2019 se comparó a 3.419 jugadores de la NFL, no con la población general, sino con 2.708 jugadores de las Grandes Ligas de Béisbol (MLB). Los jugadores de la NFL presentaron una mortalidad ajustada por cualquier causa mayor (razón de riesgos instantáneos, o hazard ratio, HR de 1,26) y una mortalidad neurodegenerativa mayor al contabilizar las causas subyacentes o contribuyentes (HR de 2,99). [8]
Esta comparación tampoco permite aislar el efecto causal de los golpes repetidos en la cabeza. Pero debilita el argumento de que una mortalidad total menor demuestra que el fútbol americano es inocuo. Muestra, además, cómo la elección del grupo de referencia puede cambiar la conclusión aparente.
Los certificados de defunción también pueden dejar enfermedades neurológicas sin registrar. En otro estudio de 2026, realizado con 202 exjugadores de la NFL fallecidos que habían donado el cerebro y cuya demencia había sido evaluada clínicamente, solo 62 (30,7 %) tenían una enfermedad neurodegenerativa anotada como causa básica de muerte. Al incluir las causas contribuyentes, la cifra ascendió a 82 (40,6 %). Era una muestra muy seleccionada de donantes de cerebro, no una representación de toda la liga. Esos porcentajes no deben utilizarse para corregir la razón de mortalidad de toda la liga ni para estimar la prevalencia de demencia. Lo que muestran es otra limitación de los registros de defunción. [10]
Qué muestran realmente los principales estudios
La siguiente tabla deja a la vista las diferencias entre estudios. No pretende clasificar los deportes de mejor a peor. Cada cifra mantiene el indicador y la población de referencia de su estudio. Una SMR, una razón de riesgos instantáneos y una diferencia en años de vida registrados no pueden combinarse ni ordenarse en una misma escala.
| Deporte o grupo | Resultado observado | Diseño, comparación y limitación |
|---|---|---|
| Deportistas de élite de resistencia, hombres | SMR por todas las causas: 0,65 | Metaanálisis, hombres; IC del 95 %: 0,54–0,77; cohortes heterogéneas [3] |
| Deportistas de élite de equipo, hombres | SMR por todas las causas: 0,68 | Metaanálisis, hombres; IC del 95 %: 0,57–0,81; posible sesgo de publicación [3] |
| Deportistas de élite de potencia, hombres | SMR por todas las causas: 1,04 | Metaanálisis, hombres; IC del 95 %: 0,91–1,12 (incluye 1); sin ventaja estadística clara [3] |
| Deportistas finlandeses de resistencia | Esperanza de vida mediana: 79,1 años | Cohorte histórica; IC del 95 %: 76,6–80,6; controles: 72,9 (71,8–74,3) [5] |
| Deportistas finlandeses de equipo | Esperanza de vida mediana: 78,8 años | Cohorte histórica; IC del 95 %: 78,1–79,8; mismos controles [5] |
| Fútbol profesional inglés | SMR por todas las causas: 0,84 | Profesionales varones del siglo XX frente a la población general [6] |
| Jugadores de la NFL | SMR global: 0,70 (IC 0,67–0,74); neurodegenerativa: 3,94 (IC 3,38–4,56) | Cohorte retrospectiva de 19.824 jugadores; causas de muerte con señales opuestas [7] |
| Salto con pértiga, hombres | +8,4 años (diferencia de edades en biografías) | Análisis de Wikipedia/Wikidata; no causal [4] |
| Gimnasia, hombres | +8,2 años (diferencia de edades en biografías) | Misma selección de biografías [4] |
| Sumo, hombres | −9,8 años (diferencia de edades en biografías) | Misma selección de biografías [4] |
| Ciclismo recreativo | HR por todas las causas: 0,79 | Estudios longitudinales de población general [9] |
| Carrera recreativa | HR por todas las causas: 0,77 | Estudios longitudinales de población general [9] |
| Natación recreativa | HR por todas las causas: 0,76 | Estudios longitudinales de población general [9] |
| Tenis recreativo (Dinamarca) | +9,7 años de supervivencia modelada frente a sedentarios | Cohorte prospectiva, 8.577 personas, hasta 25 años; asociación ajustada, no efecto causal [11] |
| Bádminton recreativo (Dinamarca) | +6,2 años de supervivencia modelada frente a sedentarios | Misma cohorte y referencia que el tenis; deportes practicados por elección [11] |
¿Cuánto influye el deporte y cuánto la selección de los deportistas?
Imaginemos a mil personas que, años después, llegarán a competir en deportes de resistencia al máximo nivel. Mucho antes de su primera medalla, podrían diferir de la población general por su salud, genética, educación, recursos económicos, consumo de tabaco, alimentación o acceso a la asistencia sanitaria. Algunas de esas diferencias las acompañarán hasta la vejez.
Esto se conoce como efecto del deportista sano. No invalida los estudios de mortalidad, pero sí limita las preguntas que pueden responder. Los estudios constatan que los grupos seleccionados de deportistas tuvieron una supervivencia diferente de la de sus poblaciones de referencia. Lo que normalmente no permiten es separar cuánto corresponde al entrenamiento, cuánto a las ventajas previas y cuánto a los hábitos tras la retirada.
La revisión de unos 165.000 deportistas aporta una pista en sus análisis de sensibilidad: en dos estudios que utilizaron controles seleccionados por su aptitud física militar, en lugar de la población en su conjunto, la ventaja de los deportistas no resultó estadísticamente clara. Cuando el grupo de comparación se parece más a los deportistas, parte de la diferencia aparente puede reducirse. [3]
Hay otros sesgos que pueden actuar en sentidos distintos. Es más fácil encontrar a una estrella del deporte en una base biográfica que a un competidor poco conocido de la misma época. Tampoco cabe tratar como equivalentes los registros de siglos distintos. Y cada deporte conlleva riesgos de lesión diferentes, reúne a personas de distinto tamaño corporal y ofrece distintas posibilidades de seguir activo tras la retirada. Además, al estudiar a quienes llegaron a formar parte de una cohorte de élite, ya se ha seleccionado en cierta medida a quienes sobrevivieron hasta ese momento.
🧭 La distinción fundamental
Hay tres preguntas que conviene no confundir: ¿Qué grupos de deportistas alcanzaron una mayor longevidad en los registros? ¿Cuánto habrían vivido esas mismas personas si su entrenamiento hubiera sido diferente? ¿Qué actividad le conviene elegir hoy a alguien que no compite profesionalmente? Los estudios de cohortes permiten responder parcialmente a la primera. La segunda requiere pruebas causales mucho más sólidas. Para la tercera, la evidencia sobre deporte recreativo es más pertinente.
Qué significa para quienes hacen deporte por afición
Para decidir qué deporte practicar, hay investigaciones más cercanas a nuestra vida cotidiana. En 2024, Oja y sus colegas revisaron 136 artículos de 76 estudios que incluían a unos 2,6 millones de adultos que practicaban deporte de forma recreativa. Los metaanálisis encontraron una asociación entre el ciclismo y una menor mortalidad por cualquier causa (HR de 0,79), correr y una menor mortalidad (HR de 0,77) y la natación y una menor mortalidad (HR de 0,76). En algunas disciplinas también se observaron resultados favorables para la capacidad cardiorrespiratoria, la presión arterial o la composición corporal. [9]
No sería correcto proclamar que nadar supera a correr por un punto porcentual a partir de esas estimaciones. Las cohortes, las formas de medir la práctica deportiva y los márgenes de incertidumbre no son los mismos. Y que dos grupos presenten riesgos distintos no demuestra que cambiar de deporte produzca esa misma variación en una persona.
En cambio, la conclusión general es más sólida que cualquier clasificación de deportistas de élite: actividades muy diferentes se asocian con beneficios relevantes para la salud. Para quien busca un hábito de por vida, disfrutar de la actividad, poder acceder a ella, valorar su riesgo de lesión y tener posibilidades reales de mantenerla en el tiempo quizá importe más que la posición de un deporte en una clasificación de atletas profesionales.
¿El tenis regala casi diez años de vida?
Uno de los titulares más difundidos procede del Copenhagen City Heart Study. En Dinamarca, 8.577 personas respondieron a preguntas sobre su actividad física y fueron seguidas durante un máximo de 25 años. Los modelos estadísticos asociaron el tenis con 9,7 años más de supervivencia estimada que en el grupo sedentario; el bádminton, con 6,2; el fútbol, con 4,7; y el ciclismo, con 3,7. Son diferencias de supervivencia calculadas con modelos ajustados, no años de vida ganados gracias a practicar cada deporte. [11]
Los investigadores tuvieron en cuenta factores como edad, sexo, tiempo de actividad, tabaquismo, educación, ingresos, alcohol y diabetes. Aun así, los participantes eligieron sus actividades: practicar tenis también puede reflejar circunstancias sociales y hábitos no medidos por completo. Algunas personas practicaban más de un deporte. Los autores plantearon que la interacción social podría contribuir a la asociación, pero su estudio no demostró ese mecanismo. No es un ensayo que asigne al azar a unos participantes a jugar al tenis y a otros a montar en bicicleta. Por eso, este resultado no demuestra que cambiar un deporte por otro añada seis o diez años a la vida.
Los resultados del subgrupo de deportistas de potencia no permiten concluir que entrenar la fuerza sea perjudicial para la salud. Se trata de disciplinas competitivas y cohortes históricas específicas, no de todas las personas que levantan pesas. Y los resultados de la NFL tampoco pueden extrapolarse a cualquier deporte de equipo: importan los riesgos concretos de cada disciplina.
Si el objetivo es la salud y no una carrera profesional, es más razonable mantener una combinación sostenible de ejercicio aeróbico, entrenamiento de fuerza, recuperación y atención médica adecuada que tratar de imitar las cargas de entrenamiento de un deportista olímpico. Esta recomendación resume conocimientos más amplios; no procede de un programa evaluado en las cohortes de mortalidad de deportistas de élite.
Entonces, ¿qué deportistas viven más?
Si preguntamos qué grandes grupos de deportistas de élite muestran de forma más consistente una supervivencia superior a la de la población general, la respuesta es los de resistencia y los de deportes de equipo. Si buscamos el deporte concreto que añade más años de vida, no hay una clasificación causal convincente. Las cifras sobre salto con pértiga, gimnasia y sumo llaman la atención, pero el método empleado no permite calcular el efecto de elegir una disciplina en vez de otra.
Si buscas una actividad para ti, la conclusión más útil quizá sea justamente la que no aparece en las clasificaciones profesionales. Correr, montar en bicicleta y nadar se asocian con una menor mortalidad en poblaciones que practican deporte por afición. No hacen falta medallas.
Una estadística puede mostrar que los deportistas tienden a vivir más. Otra, que algunos de ellos afrontan riesgos específicos. Ambas pueden ser correctas. Vivir muchos años, vivir con buena salud y tener un riesgo bajo de cada enfermedad son cosas distintas. Una buena investigación sobre el deporte debe distinguirlas.
Referencias y metodología
Enfoque editorial: Este artículo revisa críticamente publicaciones y cohortes observacionales existentes; no es un nuevo metaanálisis. Para cada estudio conserva su población de referencia, su denominador y el desenlace medido, sin combinar cifras que no son comparables. Los dos gráficos editoriales utilizan exclusivamente estadísticas resumidas publicadas: el de la NFL representa SMR de 0,70 y 3,94 en una escala común de 0–4× (178 / 45,21 = 3,94 en las muertes neurodegenerativas); el gráfico finlandés muestra las medianas y los intervalos de confianza del 95 % publicados en una escala indicada de 70 a 82 años, cuyo eje no empieza en cero. No se analizaron nuevos datos individuales. Las cifras se cotejaron con los artículos citados hasta octubre de 2026. Las diferencias numéricas entre estudios no deben interpretarse causalmente.
- Garatachea N et al. (2014). Elite athletes live longer than the general population: a meta-analysis. Mayo Clinic Proceedings. 42.807 deportistas.
- Lemez S, Baker J (2015). Do Elite Athletes Live Longer? A Systematic Review of Mortality and Longevity in Elite Athletes.
- Runacres A, Mackintosh KA, McNarry MA (2021). Health Consequences of an Elite Sporting Career: Long-Term Detriment or Long-Term Gain? Sports Medicine. Metaanálisis de 164.833 deportistas.
- Sport and longevity: an observational study of international athletes (2024). GeroScience. 95.210 registros biográficos.
- Kettunen JA et al. (2015). All-cause and disease-specific mortality among male, former elite athletes: an average 50-year follow-up. British Journal of Sports Medicine.
- Sellers M et al. (2026, publicación electrónica de 2025). Professional male English footballers of the 20th century had lower death rates than the general population. Science and Medicine in Football.
- Luster CB et al. (2026). Neurodegenerative mortality among National Football League Players. EClinicalMedicine.
- Nguyen VT et al. (2019). Mortality Among Professional American-Style Football Players and Professional American Baseball Players. JAMA Network Open.
- Oja P et al. (2024). Health Benefits of Different Sports: a Systematic Review and Meta-Analysis of Longitudinal and Intervention Studies Including 2.6 Million Adult Participants. Sports Medicine – Open.
- Luster CB et al. (2026). Neurodegenerative Disease Death Certification Among National Football League Players With Dementia. JAMA Network Open. Muestra seleccionada de donantes de cerebro, n = 202; artículo corregido el 29 de septiembre de 2026.
- Schnohr P et al. (2018). Various Leisure-Time Physical Activities Associated With Widely Divergent Life Expectancies: The Copenhagen City Heart Study. Mayo Clinic Proceedings. Cohorte prospectiva de 8.577 personas, hasta 25 años; diferencias de supervivencia ajustadas entre grupos, no efectos causales.
Nota editorial sobre la autoría y las actualizaciones
El artículo original se publicó en 2024 bajo la autoría de Mikhail Faranov, MD (fallecido en enero de 2025). La actualización de las pruebas de 2026 fue investigada y preparada por el equipo editorial de Mike’s Balance; Faranov no redactó ni revisó los contenidos añadidos después de su fallecimiento.